Pelo rizado

Sólo dos o tres veces la había visto, creo que suficiente.
Una sonrisa, un inocente intercambio de miradas, apreciar cómo ocupaba el espacio.
Suficiente.

Siempre la observo desde lejos, sus ademanes risueños, su inquebrantable sonrisa eterna.
Esa bondad que supura de todas sus acciones.

Y yo, triste e inocente la miro con envidia, con deseo, con celo.
Me escondo entre la gente, la observo desde cierta distancia, reír, bailar, hablar...
Escondida detrás de unas gafas de sol me hallo, camuflada entre la multitud,
Con ese miedo a ser descubierta, con ese deseo de serlo.

Mis ojos soportan toda la melancolía de las noches y ella baila como si el resto del universo no existiera.


Cuando la luna me susurra al oído que es hora de marcharse, recojo mis bártulos, hecho el último vistazo de soslayo.
Suspiro, y arrastrando los pies me marcho.

Allí la dejo, siendo la reina de mis fantasías, el deseo de mi piel, y el anhelo de mis dedos.

Tiago.

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