Un cuarto sin ventanas



Las ventanas son ojos. Cerrados o abiertos. Abiertos dibujan en la mirada tristeza o alegría; melancolía o fortaleza. Cerrados duermen, sueñan, tropiezan. Los ojos hablan o callan; ríen o lloran; descubren…como las ventanas.

La ventana tiene párpados. Si están cerrados nos perdemos el sol, la lluvia, el miedo y el cuarto se viste de negro.... La oscuridad desaparece cuando subimos los párpados. Como las ventanas.

Con la punta de la nariz pegada al cristal los ojos buscan actores para este teatro que es la vida. Desfilan, ajenos a nuestra mirada indiscreta, el ganador, el frustrado, el mentiroso, el mentido; compadecen el lento caminar del adicto al dolor que se bambolea como una barca varada, a merced del viento. Desde arriba es fácil distinguir el ir y el venir de cada día. De cada uno. La calma y el ruido de los otros. Pero los otros no saben que son los actores de una obra no escrita. No saben que hay que llevar la mirada bien alta, altiva…desde alguna ventana alguien nos vigila, alguien nos inventa.

Arriba los ojos aletean por entre los árboles que abanican el aire. Detrás de cualquier sombra del parque hay un hombre, o acaso sea una mujer, invisible, sin nombre. Nadie la mira. Solo está. Nadie la ve. Está sola

Todas las mañanas se sienta en el mismo banco, bajo la jacaranda, frente al edificio. La nostalgia la rescata. No siempre... Ya no está segura de que aquella sea la ventana que tantas veces abrió dibujando una sonrisa, con los párpados abiertos. Al levantar los ojos caen sobre ella, como si fueran confeti, los recuerdos quizás vividos en aquel cuarto oscuro, o ¿fue en el quinto? Revive un placer que no existió. Sabe que la soledad será su compañera; se conforma con los ecos suspendidos en el aire.

Desde aquel día en que la luz se vistió de negro las ventanas bajaron sus párpados sumiéndose en la oscuridad. Tras la puerta, quedaron sin rescatar, fotografías manchadas de humedad; quedó el espejo que iba mostrando su cuerpo languidecer; quedaron las sábanas bordadas, mil veces remendadas.,

La sombra del atardecer le recuerda que ya es hora La ventana de aquel cuarto ya no se abre. Allí nadie duerme, nadie se asoma , nadie nada. Desde abajo, sentada en su banco, le parece ver las lágrimas del edificio al verla partir. Los dos saben que un día ya no volverá con su bolsa, una manta raída y alguna fotografía Se levanta y camina hacia ninguna parte. En algún sitio la espera un plato caliente y un cuarto oscuro sin ventana.

Eva M-B 11-05-26

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