Una mirada más, una vida menos

Entre cortinas y penumbras ahí estaba ella preciosa, discreta, agri dulce y salada. Miraba sin ser vista al exterior, gustándole todo lo que veía, siempre detrás de la ventana, entre cortinas por si la juzgaban. Yo al lado de ella tanto la amé que nos convertimos en un mismo ser, observábamos a unos niños que reían en el parque mientras jugaban al fútbol con el balón y le dije. - Querida parecen felices, qué tal si nos vestimos y bajamos a jugar con ellos, nos lo pasaremos genial.

- ¿Qué dirán? somos ya mayores para esos juegos. Dijo ella con una delicada sonrisa.
- Pero no somos mayores para reírnos y ser felices ¿Qué más da lo que digan?

Entonces se escuchó un golpe seguido de gritos e insultos. Inmediatamente volvimos a mirar. Un niño le había pegado una patada a otro para evitar el gol.

-Ves querido, se te olvida la maldad de estos pequeños, ya te apartaron haciéndote vacío en el colegio, otros te pegaron, cuántos días pasaste hambre porque te robaron el bocata. Sólo mi amor te curó; ahora estamos seguros con nuestra simbiosis perfecta.
-Como siempre ella tiene razón. Pensé.

Volvimos a sentarnos en la silla (teníamos las piernas cansadas de estar de pie), lugar discreto para esperar otro ruido, otra emoción. Unos cánticos nos hicieron asomar nuestros ojitos curiosos, unos rockers cantando duduá a sus chicas ¡qué maravilla! Cuando iba a decir ¡Vamos! Aparecieron unos heavies del barrio de al lado sacando las navajas, el espectáculo fue de película, pero ya no se me ocurre decirle de bajar.

Pasaron las horas, la noche, los días y no pasaba nada, con picor en el alma me levanté de un salto y dije. — ¡Nos vamos al cine!

Ella: No tenemos trabajo, mejor vemos la televisión.
Yo: Pues voy a buscar trabajo.
Ella: Eres un romántico, por esto te quiero tanto, no ves que te dieron la baja y estas inutilizado, no puedes trabajar más, pero no pasa nada pues yo te amo y nunca te abandonaré, esto no lo puede comprar el dinero.

Tiene razón, soy un afortunado y no hago más que quejarme. – Pensó Juanillo. Pasaron las horas en la silla viendo la felicidad exterior que parece que no les corresponde, como si Dios les hubiera castigado por algo que no han hecho y salta Juanillo. - Ya lo sé, ahí no hay nada, pero en la playa siempre he sido feliz y es gratis. Pero querido si te dio una insolación, eres blanco como la nieve, pero yo te amo igual. Pues es verdad y a la montaña a pasear. - La última vez te caíste por un precipicio, casi mueres. Vaya, tiene razón, pensó Juanillo. Pero un pájaro anaranjado se posó en la ventana y pió en voz alta ¡Qué haces ahí, loco!

Con mi amada depresión, ella me ama y me protege y tú naranjito ¿Qué haces hablando si eres un pájaro? No, soy una voz de tu interior al igual que tu amada depresión, tienes que elegir volar feliz conmigo o morir con ella detrás de la ventana. Juanillo rompió las raíces de sus piernas y las rejas de la ventana, volando a la vida, prometió nunca más mirar atrás, para ser protagonista de su vida y libertad. Cuenta la leyenda que cuando una mirada triste está tras la ventana oscura, un pájaro anaranjado llamado Juanillo vuela a liberarlos.


Lucky F.G.G

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