Desalmado
O del alma.
Nunca he comprendido cómo puede hincharse hasta llegar a romperse. A mí ya no me duele el dolor ajeno. Me he acostumbrado. Quizás sea porque el alma no existe y sin alma no tendré que darle cuentas a Dios.
Cuando era pequeña me encantaba meterme en los charcos. Saltaba con ímpetu y el agua salía por debajo de mis botas como un géiser. Me empapaba la cara y yo reía mostrando las tiernas encías desdentadas. Mi madre no reía. Mi madre no entendía aquel placer travieso.
Hoy ya no llueve. Las DANAS acaban con todo devorando lo que encuentran a su paso. Los niños no juegan con los charcos. La tierra se ha vuelto seca, un erial.
Cuando crecí seguí metiéndome en charcos que me han dejado herida. En ellos he sentido el dolor que duele, el de verdad: el propio. He sabido escapar a punto de ahogarme, calada hasta los huesos. Pero me han servido para aprender.
He aprendido que no debo decirle a mi amiga que su marido se acuesta con otra, sobre todo si esa otra soy yo.
He aprendido que no debo compartir mesa con un vegano mientras como un sabroso filete. Me hará sentir culpable de ser cómplice del asesinato de un pacífico animal cuyo papel en esta vida era pastar plácidamente.
He aprendido a callar cuando el debate se crispaba.
Pero siempre hay nuevos charcos, algunos sin agua, con lodo y fango.
Es mediodía. Mis pies son obstinados.
Hubo un tiempo en el que fueron las manos haciendo el duro trabajo que ya nadie hace; fueron los ojos enrojecidos mientras desayunaba oyendo las noticias de ayer, de hoy de un mañana inexorable. A veces es el vientre el que se infla como un balón. Secretos del cuerpo. Yo no soy celíaca, ni vegetariana, la llegada de la primavera cargada de siniestro polen me es indiferente. Quizá sea porque no tengo alma. Se puede vivir sin alma, desalmado. También sin pies. Los míos siguen hinchados. Quizás …si los metiera en el agua…
Eva M-B 5-06-2026
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