Pies de encaje blanco
Era bastante pequeña, cuando comencé a notar, en la planta de los pies unos puntos rojos, se lo dije a mi madre y como era habitual, ya arranco ella con echarme la responsabilidad.
- Siempre te digo que no andes descalza, ponte calcetines y zapatos, ¿ Para que los quieres?,
a lo que añadía el sempiterno final de todas sus frases, en cuanto a diagnósticos - ¨ Eso no es nada¨.
Fue pasando el tiempo y aparecieron encima de los puntos unas placas blancas y gris plata, eran como escamas, que bien parecía que me estuviera convirtiendo en una sirena. Parecía que mis pies llevaran un vestido de encaje blanco.
Llegado a este punto, me llevaron al médico y este lo tuvo muy claro.
- La niña tiene psoriasis plantar, ( Fácilmente confundible con el eccema dishidrótico ) ahora lo se por que existe internet, pero también sé que el tratamiento es el mismo.
Mi madre preguntó si yo tenía culpa por ir descalza y el doctor dijo que de ninguna manera, que las causas eran genéticas y ambientales principalmente. También preguntó si había alguien en la familia y no se supo contestar.
El tratamiento consistía en agua de mar, jabones de alquitrán, qué peste echaban por cierto, sol, tranquilidad ( Que curioso, ya me recetaron tranquilidad siendo tan pequeña), hoy cincuenta años después lo siguen haciendo. Yo era una niña muy tranquila, pero mi entorno no. Hoy soy una mujer tranquila pero mi entorno creo que es aún peor. También me recomendaron una dieta rica en vegetales, frutas........ Una dieta mediterránea. Lo que dice ese refrán tan conocido. ' Tranquilidad y buenos alimentos.'
Después de esto, mis días transcurrieron con unas rutinas muy disciplinarias y mi madre ahí, fuerte ella para que no se me pasara ninguna. Se agenció un barreño, donde yo metía los pies cada tarde – noche en agua de la playa, que mi padre se encargaba de traer en una garrafa, sobre todo en invierno, por el frío. En verano me bañaba en el mar y era más divertido.A mi lo que me gustaba era ir y meter los pies en el agua, directamente. Luego los aceites apestosos, las pomadas de cortisona, los ungüentos, la vaselina. Y después se servía la cena. A dormir me iba pronto por que ya me gustaba mucho leer y me relajaba y me entretenía leyendo mis Tebeos que compraba en la tienda de alimentación que había enfrente de mi casa, Mortadelo y Filemón, Zipi y Zape, Carpanta, Las hermanas Gilda y más y más. Que feliz me hacían aquellas historietas.
Y muy despacio, las placas desaparecieron. Luego durante toda mi vida van intentando aparecer, según la época, cuando estoy muy desbordada. El brote me invade y si me descuido, más me cuesta combatirlo, pero mis padres me enseñaron bien y a pesar de que hoy ya no están, hago casi todo como ellos decían, o al menos lo intento.
Voy a clases de yoga y pilates regularmente, hago mucha meditación, mi alimentación es tan sana como me es posible. Leo mucho, como he hecho toda mi vida, al margen del trabajo y cualquier otra faceta en mi vida. El mar sigue siendo para mi una medicina y bien que lo sufrí unos años que estuve alejada de él. También escribo, siempre lo hice, a pesar de que ahora me siento más escritora y voy dejando, muy despacio el síndrome del impostor. Escribo como una necesidad y al mismo tiempo como un deleite. Escribo para vomitar esas emociones que a veces necesito compartir y no puedo hacerlo de ninguna otra manera, escribo porque estoy viva y cuanto más escribo, más viva estoy, escribo como decía Marguerite Duras en su ensayo ' Escribir pese a la desesperación, no con ella '.
Ahora, en esta época de mi humilde existencia, habitualmente, no son pocas, las noches serenas que me visitan, estando yo, con los pies en el agua.
MARIA JOSE SAURA ZAPATA
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